Vacaciones de verano: estar solo no significa sentirse solo
El verano suele asociarse a imágenes de playas llenas, reuniones familiares, viajes con amigos y terrazas repletas de conversaciones. Parece que todo el mundo disfruta de unas vacaciones perfectas, rodeado de personas y viviendo momentos inolvidables. Sin embargo, para muchas personas, esta época del año puede convertirse en un momento especialmente difícil.
Las vacaciones cambian nuestras rutinas, reducen el ritmo de trabajo y dejan más espacio para el silencio. Y es precisamente en ese silencio donde, en ocasiones, aparece con más fuerza una emoción que durante el resto del año permanecía oculta: la soledad.
En una entrevista publicada por Muy Segura, María Jesús Álava Reyes distingue entre dos realidades que conviene no confundir: estar solo y sentirse solo. Una diferencia fundamental que nos ayuda a comprender por qué algunas personas disfrutan plenamente de unas vacaciones consigo mismas, mientras que otras experimentan un profundo vacío incluso estando rodeadas de gente.
Estar solo no significa sentirse solo
Desde la psicología sabemos que la soledad no siempre es negativa. Hay personas que buscan momentos de tranquilidad para leer, pasear, reflexionar o simplemente descansar. Esa soledad elegida puede convertirse en una fuente de equilibrio, creatividad y bienestar. El problema aparece cuando la soledad deja de ser una elección y se transforma en una sensación de vacío emocional.
Como explica María Jesús Álava Reyes, una persona puede estar rodeada de familiares, amigos o compañeros y, aun así, sentirse profundamente sola. Porque la verdadera soledad no depende del número de personas que tenemos alrededor, sino de la calidad de nuestros vínculos y, sobre todo, de la relación que mantenemos con nosotros mismos.
¿Por qué las vacaciones intensifican la sensación de soledad?
Durante el resto del año, el trabajo, los estudios o las responsabilidades cotidianas ocupan gran parte de nuestro tiempo y de nuestra atención, en vacaciones desaparecen muchas de esas obligaciones, de repente hay más horas libres, más tiempo para pensar, más momentos de silencio y también menos distracciones. Ese cambio puede hacer que afloren emociones que llevaban tiempo ocultas: la nostalgia, el duelo, la sensación de aislamiento o la necesidad de sentirse querido.
Además, las redes sociales suelen mostrar una versión idealizada del verano: viajes espectaculares, reuniones constantes y felicidad permanente. Compararnos con esas imágenes puede hacernos creer, de forma errónea, que somos los únicos que nos sentimos solos.
El miedo a la soledad puede llevarnos a tomar malas decisiones
Uno de los mensajes más importantes de María Jesús Álava Reyes es que el miedo a estar solos puede hacernos muy vulnerables.
Cuando creemos que necesitamos a cualquier precio la compañía de otra persona para sentirnos bien, corremos el riesgo de aceptar relaciones que no nos hacen felices, mantener vínculos dañinos o depender emocionalmente de quienes nos rodean.
Las vacaciones pueden poner esta realidad especialmente de manifiesto. Es frecuente sentir la presión de «tener que compartir» el verano con alguien, como si disfrutar de unos días en solitario fuera un fracaso, sin embargo, la psicología nos enseña justo lo contrario, aprender a disfrutar de nuestra propia compañía es una de las mayores muestras de fortaleza emocional.

La mejor compañía empieza por uno mismo
María Jesús Álava Reyes propone una idea sencilla, pero profundamente transformadora: la clave para no sentirse solo es aprender a quererse más. Cuando nuestra autoestima es sólida, dejamos de poner nuestra felicidad exclusivamente en manos de los demás. Eso no significa renunciar a las relaciones, las personas necesitamos a los demás, necesitamos sentirnos escuchados, queridos y acompañados, pero también necesitamos descubrir que podemos disfrutar de momentos de calma con nosotros mismos sin vivirlos como un castigo.
Un verano para reconectar contigo
Las vacaciones pueden ser una magnífica oportunidad para fortalecer esa relación personal.
Quizá este verano sea un buen momento para:
- Pasear sin prisas y observar el entorno.
- Leer ese libro pendiente.
- Escribir aquello que llevamos tiempo sintiendo.
- Recuperar una afición olvidada.
- Practicar ejercicio al aire libre.
- Llamar a personas con las que hace tiempo no hablamos.
- Aprender algo nuevo.
Son actividades sencillas que nos ayudan a redescubrir quiénes somos cuando desaparecen las exigencias del día a día.
Pedir ayuda también es una forma de cuidarse
Sentirse solo de forma puntual es una experiencia humana, pero si esa sensación se mantiene en el tiempo, provoca sufrimiento o condiciona nuestra vida, conviene no normalizarla.
La soledad emocional puede afectar al estado de ánimo, aumentar la ansiedad y favorecer sentimientos de desesperanza, en esos casos, pedir ayuda psicológica no es un signo de debilidad, sino una decisión valiente para recuperar el bienestar y fortalecer los recursos personales.
El verdadero reto del verano
En el Centro de Psicología Álava Reyes creemos que las vacaciones no deberían medirse por el número de planes realizados ni por la cantidad de fotografías compartidas.
El verdadero éxito del verano consiste en regresar sintiéndonos más tranquilos, más equilibrados y más conectados con nosotros mismos.
Porque cuando aprendemos a disfrutar de nuestra propia compañía, las relaciones dejan de ser una necesidad desesperada para convertirse en una elección libre y enriquecedora.
Como recuerda María Jesús Álava Reyes, hay una gran diferencia entre vivir en soledad y saber vivir la soledad. Aprender esa diferencia puede ser uno de los mayores regalos que nos hagamos este verano.