Objetivos de septiembre: cómo convertir las buenas intenciones del verano en cambios que realmente perduren
Las vacaciones tienen algo especial. Al disminuir el ritmo habitual, disponer de más tiempo para reflexionar y alejarnos, aunque sea unos días, de las obligaciones cotidianas, es frecuente que aparezcan pensamientos como:
«En septiembre quiero cuidarme más», «Voy a organizarme mejor», «Este curso quiero vivir con menos estrés» o «Ha llegado el momento de priorizar mi bienestar».
Cada verano, miles de personas hacemos balance de los últimos meses y comenzamos a imaginar cómo nos gustaría afrontar la vuelta a la rutina. En cierto modo, septiembre se convierte en un segundo comienzo de año, una oportunidad para replantearnos hábitos, objetivos y prioridades.
Sin embargo, también ocurre algo muy conocido: muchas de esas buenas intenciones terminan diluyéndose en pocas semanas.
¿Por qué sucede? ¿Cómo podemos conseguir que los objetivos de septiembre no se queden en simples deseos?
En una entrevista concedida a Muy Segura, María Jesús Álava Reyes recuerda que alcanzar nuestras metas depende mucho menos de la fuerza de voluntad que de la forma en que las planteamos. La clave está en ser realistas, mantener la ilusión y convertir los grandes propósitos en pequeños pasos alcanzables.
Septiembre: una oportunidad para empezar de nuevo
Aunque solemos asociar los nuevos propósitos con el mes de enero, la realidad es que para muchas personas el verdadero cambio comienza después del verano. Las vacaciones ofrecen la distancia necesaria para preguntarnos:
- ¿Estoy satisfecho con mi forma de vivir?
- ¿Qué quiero cambiar este nuevo curso?
- ¿Qué hábitos me hacen sentir mejor?
- ¿Qué aspectos de mi vida estoy descuidando?
Estas preguntas son muy valiosas porque nos invitan a detener el piloto automático y recuperar el protagonismo sobre nuestra propia vida, pero reflexionar no es suficiente.
El error más frecuente: convertir los deseos en objetivos
Uno de los mensajes que transmite María Jesús Álava Reyes es que muchas personas confunden un deseo con un objetivo. Decimos:
- «Quiero hacer más ejercicio.»
- «Voy a controlar el estrés.»
- «Quiero pasar más tiempo con mi familia.»
- «Este año voy a cuidarme.»
Son intenciones positivas, pero todavía demasiado generales. Un objetivo necesita responder a preguntas mucho más concretas:
- ¿Qué voy a hacer exactamente?
- ¿Cuándo voy a empezar?
- ¿Con qué frecuencia?
- ¿Qué recursos necesito?
- ¿Cómo sabré que estoy avanzando?
Cuanto más específico sea el plan, mayores serán las posibilidades de mantenerlo en el tiempo.
No quieras cambiar toda tu vida en una semana
Después del verano es habitual intentar recuperar el tiempo «perdido». Queremos empezar a hacer deporte, comer mejor, leer más, dormir antes, aprender un idioma, reducir el uso del móvil y mejorar nuestra organización… todo al mismo tiempo. El problema no suele ser la falta de motivación, es el exceso de objetivos.
La importancia de marcarnos metas realistas y alcanzables, sin exigirnos lo imposible. La constancia nace de los pequeños avances, no de los cambios radicales.
Divide el camino en pequeños pasos
Uno de los principios más útiles de la psicología es convertir los grandes objetivos en metas intermedias. Si nuestro propósito es mejorar el bienestar emocional, quizá el primer paso no sea transformar toda nuestra vida, sino incorporar pequeños hábitos como:
- Caminar 20 minutos al día.
- Reservar un rato semanal para una actividad que disfrutemos.
- Apagar el móvil antes de dormir.
- Aprender a decir «no» cuando sea necesario.
- Dedicar unos minutos diarios a reflexionar o escribir.
Cada pequeño logro fortalece la confianza y alimenta la motivación para continuar.

La motivación también se entrena
Existe la creencia de que primero debemos sentirnos motivados para actuar. La realidad suele ser justo la contraria, muchas veces la motivación aparece después de empezar, cuando comprobamos que somos capaces de mantener un hábito, aunque sea pequeño, aumenta nuestra percepción de eficacia y resulta más fácil seguir avanzando. Por eso es tan importante no esperar al momento perfecto, lo importante es comenzar.
Cuida también tu estado emocional
Otro aspecto a destacar es que resulta mucho más sencillo alcanzar nuestros objetivos cuando nos encontramos bien física y emocionalmente. Si vivimos agotados, con altos niveles de ansiedad o sometidos a un estrés constante, cualquier cambio requerirá un esfuerzo mucho mayor, por eso, antes de añadir nuevas exigencias, conviene preguntarnos:
- ¿Estoy descansando lo suficiente?
- ¿Estoy cuidando mi salud mental?
- ¿Estoy dedicando tiempo al ocio?
- ¿Estoy respetando mis límites?
En muchas ocasiones, el mejor objetivo para septiembre no consiste en hacer más cosas, sino en aprender a vivir con mayor equilibrio.
Sé flexible: cambiar el plan no significa fracasar
No todas las semanas serán iguales, habrá días de mayor energía y otros en los que aparecerán imprevistos. Modificar el ritmo, reajustar un objetivo o empezar de nuevo no significa haber fracasado.
La flexibilidad forma parte del proceso de cambio, las personas que consiguen mantener nuevos hábitos no son las que nunca fallan, sino las que vuelven a intentarlo sin castigarse.
Septiembre también puede ser el mes de pedir ayuda
Hay ocasiones en las que sabemos perfectamente qué queremos cambiar, pero no conseguimos hacerlo solos.
La ansiedad, el estrés, la baja autoestima o determinados bloqueos emocionales pueden dificultar enormemente el cambio. En esos casos, acudir a un profesional de la psicología no significa que hayamos fracasado, al contrario, supone tomar la decisión de dotarnos de las herramientas necesarias para avanzar con mayor seguridad.
El mejor objetivo: construir una vida más coherente
En el Centro de Psicología Álava Reyes creemos que los objetivos más valiosos no son los más espectaculares, sino aquellos que nos ayudan a vivir de forma más coherente con nuestros valores.
Septiembre no necesita convertirse en una carrera por hacerlo todo mejor, puede ser simplemente el momento de preguntarnos cómo queremos vivir este nuevo curso y comenzar, paso a paso, a construir esa vida.
Porque los grandes cambios rara vez ocurren de un día para otro, nacen de pequeñas decisiones repetidas con constancia, ilusión y confianza en nuestras propias capacidades.