Andar, respirar, vivir: el valor psicológico de agradecer lo cotidiano
Vivimos en una sociedad acelerada, orientada al rendimiento y al “hacer”, donde rara vez nos detenemos a valorar lo más básico. Caminamos, respiramos, vemos, escuchamos… casi sin darnos cuenta. Sin embargo, como recuerda la psicóloga María Jesús Álava Reyes, “andar es un lujo que muchas personas querrían tener”. Esta afirmación, aparentemente sencilla, encierra una profunda reflexión psicológica sobre la gratitud, la conciencia corporal y la empatía.
En su intervención en Es la tarde en Galicia, María Jesús Álava Reyes subraya una realidad incómoda: vivimos tan en automático que apenas damos valor a funciones esenciales como movernos, percibir el entorno o tener energía para afrontar el día. Solo cuando vemos a una persona con muletas, un andador o en una silla de ruedas tomamos conciencia, de forma momentánea, del privilegio que supone algo tan cotidiano como caminar.
Desde la psicología, esta desconexión con lo básico tiene consecuencias directas en nuestro bienestar emocional.
El piloto automático y la pérdida de conciencia emocional
Cuando funcionamos de manera automática, el cerebro se centra en cumplir tareas y resolver problemas inmediatos, pero pierde contacto con la experiencia presente. Esta forma de vivir incrementa el estrés, reduce la capacidad de disfrute y nos vuelve más vulnerables a la frustración constante.
La psicología clínica ha demostrado que la falta de conciencia sobre lo que sí tenemos alimenta una sensación permanente de insatisfacción. Siempre falta algo más: más tiempo, más dinero, más éxito, más reconocimiento. En ese proceso, dejamos de valorar lo esencial, aquello que sostiene nuestra vida diaria.
María Jesús Álava Reyes nos invita a hacer justo lo contrario: detenernos y observar.
La fortaleza que no siempre vemos
Uno de los aspectos más relevantes de su reflexión es el foco en las personas que viven con limitaciones físicas o funcionales. Detrás de cada dificultad visible hay un proceso psicológico complejo, marcado por el impacto inicial, la desesperación, el miedo, la rabia o la pérdida de esperanza.
Aceptar una limitación no es un acto automático ni sencillo. Supone un duelo: por lo que se ha perdido, por lo que ya no se puede hacer igual, por la imagen previa de uno mismo. Sin embargo, como señala María Jesús Álava Reyes, muchas de estas personas desarrollan una fortaleza interna profunda, una capacidad de adaptación y resiliencia que, cuando está bien acompañada psicológicamente, se convierte en su principal apoyo para seguir adelante.
Desde la psicología, sabemos que la resiliencia no es negar el dolor, sino aprender a convivir con él sin que defina por completo la identidad personal.
Agradecer cambia la mirada (y el cerebro)
Uno de los mensajes centrales de esta intervención es claro: agradecer transforma la forma en la que miramos la vida. No se trata de un optimismo ingenuo ni de minimizar las dificultades, sino de entrenar la atención para reconocer lo que sí está presente.
Una propuesta práctica consiste en preguntarnos:
¿Qué perdería si mañana no pudiera caminar, ver o respirar con normalidad?
Este ejercicio, trabajado en consulta psicológica, ayuda a generar una gratitud más realista y profunda. A partir de ahí, se puede dar un paso más: elaborar una lista concreta de aquello que hoy sí tenemos —movilidad, autonomía, vínculos, energía— y valorarlo de forma consciente.
La psicología positiva y la neurociencia coinciden en que la gratitud sostenida en el tiempo tiene efectos directos sobre el bienestar emocional: reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y fortalece las relaciones interpersonales.

Empatía: del agradecimiento a la acción
Agradecer no es solo un ejercicio interno. Según María Jesús Álava Reyes, el siguiente paso es actuar con empatía. Preguntar con honestidad: “¿Cómo te puedo ayudar?” es un gesto sencillo, pero profundamente humano.
La empatía no consiste en dar consejos rápidos ni en minimizar el dolor del otro, sino en estar disponibles emocionalmente, respetar los tiempos y ofrecer ayuda realista. Cuando este tipo de actitudes se sostienen en el tiempo, mejoran no solo el bienestar individual, sino también el clima emocional de familias, equipos de trabajo y comunidades.
Desde la psicología, entendemos que el bienestar es un proceso compartido: cuidarnos mejor nos permite cuidar mejor a los demás.
Psicología, gratitud y calidad de vida
En el Centro de Psicología Álava Reyes trabajamos desde una perspectiva integral del bienestar emocional. Acompañamos a personas que atraviesan procesos de cambio, enfermedad, pérdida o crisis vitales, ayudándoles a reconectar con sus recursos internos y a desarrollar una mirada más consciente y compasiva hacia su propia vida.
Valorar lo cotidiano no elimina el sufrimiento, pero sí nos permite afrontarlo con mayor fortaleza psicológica. Como recuerda María Jesús Álava Reyes, muchas veces no se trata de tener más, sino de darnos cuenta de todo lo que ya tenemos.
Caminar, respirar, percibir, relacionarnos. Lo básico, cuando se mira con conciencia, se convierte en una fuente poderosa de equilibrio emocional y sentido vital.