Cuando la mente avisa del peligro: autosabotaje, ansiedad y señales que no debemos ignorar

Cuando la mente avisa del peligro: autosabotaje, ansiedad y señales que no debemos ignorar

Cuando la mente avisa del peligro: autosabotaje, ansiedad y señales que no debemos ignorar

Morderse las uñas, procrastinar de forma recurrente, castigarse con una autocrítica constante o caer en un perfeccionismo agotador son conductas mucho más frecuentes de lo que solemos reconocer. A menudo las normalizamos, las minimizamos o incluso las justificamos como “manías” o rasgos de carácter. Sin embargo, desde la psicología sabemos que muchas de estas conductas de autosabotaje no aparecen por casualidad: son señales de alerta que emite nuestra mente cuando percibe peligro, estrés o amenaza emocional.

Comprender qué hay detrás de estos comportamientos es el primer paso para proteger nuestro bienestar emocional y evitar que se cronifiquen o deriven en problemas psicológicos más graves.

El autosabotaje como mecanismo de supervivencia

Nuestro cerebro está diseñado para anticiparse al peligro. Esta capacidad, clave para la supervivencia humana, permite analizar el entorno, prever riesgos y tomar decisiones rápidas. Sin embargo, cuando este sistema de alerta se activa de forma excesiva o ante amenazas que no son reales, pueden aparecer respuestas desadaptativas.

Cuando la mente avisa del peligro: autosabotaje, ansiedad y señales que no debemos ignorar

Conductas como morderse las uñas, pellizcarse la piel, golpearse ligeramente o aplazar tareas importantes funcionan, en muchos casos, como estrategias inconscientes de control del malestar. La mente prefiere una amenaza conocida y manejable antes que enfrentarse a una incertidumbre que percibe como mayor. Es decir, opta por un “daño pequeño” para evitar uno que anticipa como más doloroso.

Desde la psicología clínica, entendemos estas conductas no como fallos personales, sino como intentos —ineficaces— de regular la ansiedad, el miedo o la inseguridad.

Procrastinación, perfeccionismo y autocrítica: tres caras del mismo problema

La procrastinación suele interpretarse como pereza o falta de voluntad, pero en realidad es con frecuencia una defensa frente al miedo al fracaso, al rechazo o a no cumplir expectativas. Al aplazar una tarea, la persona evita temporalmente el malestar que le genera enfrentarse a ella, aunque a medio plazo aumente la ansiedad y el sentimiento de culpa.

En el extremo opuesto encontramos el perfeccionismo. Aquí la mente intenta controlar cada detalle para reducir el riesgo de error. El problema es que esta hiperexigencia conduce al agotamiento emocional, al estrés crónico y, paradójicamente, a un peor rendimiento.

La autocrítica excesiva funciona de manera similar: genera una falsa sensación de control, pero debilita la autoestima y refuerza la inseguridad. Todas estas conductas responden a una misma necesidad profunda: vivir en un mundo predecible y sin sorpresas, algo que la realidad rara vez ofrece.

Un sistema de alerta que no sabe apagarse

Desde una perspectiva evolutiva, nuestro cerebro está preparado para detectar amenazas incluso donde no las hay. Neurotransmisores como la noradrenalina o la dopamina activan los sentidos y preparan al organismo para responder. El problema surge cuando este sistema de alerta permanece encendido de forma constante.

En ese contexto, el autosabotaje puede convertirse en una profecía autocumplida: el miedo a fallar lleva a evitar retos; la confianza excesiva conduce a la falta de preparación; el estrés mal gestionado acaba generando los problemas que se intentaban evitar.

Autolesiones y adolescencia: una señal de alarma prioritaria

Un capítulo especialmente delicado es el de las autolesiones no suicidas en adolescentes. Cortes, golpes o quemaduras pueden funcionar como mecanismos extremos para aliviar estados emocionales intensos como la ansiedad, la tristeza o la desesperanza.

Desde la psicología entendemos estas conductas como una forma desesperada de regular el dolor emocional. La liberación de endorfinas tras la autolesión reduce temporalmente el malestar, pero no resuelve el problema de fondo. Por ello, es fundamental intervenir cuanto antes, sin minimizar la conducta ni interpretarla como una llamada de atención.

Conductas autolesivas y trastorno del espectro autista (TEA)

En algunos niños y adolescentes con trastorno del espectro autista, las conductas autolesivas cumplen una función reguladora frente a la ansiedad, la sobrecarga sensorial o situaciones que no logran comprender. En estos casos, el abordaje psicológico debe ser especializado, comprensivo y adaptado a sus necesidades específicas.

¿Qué podemos hacer desde la psicología?

La buena noticia es que estos comportamientos pueden trabajarse eficazmente en terapia psicológica. El primer paso es comprender su función y dejar de luchar contra ellos desde la culpa o la exigencia. A partir de ahí, se interviene en:

  • La regulación emocional
  • La gestión de la ansiedad y el estrés
  • El fortalecimiento de la autoestima
  • El desarrollo de estrategias adaptativas de afrontamiento
  • La reducción de la necesidad de control excesivo

Cuando la persona aprende a identificar las señales de alerta de su mente y a responder de forma más saludable, el autosabotaje deja de ser necesario.

Escuchar a la mente para cuidarnos mejor

En el Centro de Psicología Álava Reyes trabajamos cada día con personas que llegan agotadas por luchar contra sí mismas sin entender qué les está pasando. Nuestro objetivo es ayudarles a interpretar correctamente esas señales internas, a recuperar el equilibrio emocional y a construir una relación más amable y eficaz con su mente.

Porque cuando la mente avisa del peligro, no necesita castigo ni ignorancia, sino comprensión, herramientas adecuadas y acompañamiento profesional. Escuchar esas señales a tiempo puede marcar la diferencia entre cronificar el sufrimiento o empezar a cuidarnos de verdad.

FUENTE: basada este artículo de ondacero.es

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