María Jesús Álava: La frustración: una de las grandes armas que tenemos para aprender a vivir
¿Y si una de las emociones que más intentamos evitar fuera, en realidad, una de las que más nos ayudan a crecer? En una reciente entrevista concedida a La Nación, María Jesús Álava Reyes nos invita a replantearnos nuestra relación con la frustración y a dejar de verla como un enemigo al que debemos combatir.
En una sociedad marcada por la inmediatez, la búsqueda constante del bienestar y la tendencia a evitar cualquier malestar, tolerar la frustración se ha convertido en un auténtico desafío. Sin embargo, desde la psicología sabemos que aprender a gestionar esta emoción es una de las herramientas más valiosas para desarrollar resiliencia, inteligencia emocional y fortaleza interior.
Como afirma María Jesús Álava: «La frustración es una de las grandes armas que tenemos».
¿Qué es la frustración?
La frustración aparece cuando existe una diferencia entre lo que esperamos y lo que realmente sucede. Surge cuando las cosas no salen como habíamos imaginado, cuando encontramos obstáculos o cuando nuestros deseos no se cumplen.
Podemos sentir frustración cuando:
- No conseguimos el trabajo que deseábamos.
- Suspendemos un examen.
- Una relación importante termina.
- Nuestros hijos no responden como esperábamos.
- Cometemos errores.
- Nos enfrentamos a situaciones que no podemos controlar.
La frustración genera incomodidad. Puede venir acompañada de tristeza, rabia, impotencia o desánimo. Por eso muchas personas intentan evitarla o eliminarla cuanto antes.
Pero hacerlo tiene un coste.
El gran error: evitar cualquier frustración
Uno de los mensajes más relevantes que transmite María Jesús Álava es que la sobreprotección impide el desarrollo de recursos psicológicos esenciales.
Cuando evitamos sistemáticamente que los niños y adolescentes experimenten frustración, les estamos privando de oportunidades para aprender.
«¿Qué haces cuando sobreproteges a un niño? Le quitas las posibilidades de que experimente, de que se frustre. Un chico se tiene que frustrar para poder aprender y generar recursos».
Muchas veces, movidos por el amor y el deseo de proteger, intentamos resolver sus problemas antes de que tengan ocasión de afrontarlos por sí mismos.
Sin embargo, la vida inevitablemente traerá dificultades:
- Desilusiones.
- Pérdidas.
- Errores.
- Rechazos.
- Fracasos.
Y si no han desarrollado herramientas para gestionar estas experiencias, les resultará mucho más difícil adaptarse.
La frustración desarrolla inteligencia emocional
Durante mucho tiempo se identificó la inteligencia con el conocimiento académico o el rendimiento intelectual.
Hoy sabemos que el éxito y el bienestar dependen también de otras competencias fundamentales:
- Gestionar emociones difíciles.
- Adaptarse al cambio.
- Perseverar ante los obstáculos.
- Tolerar la incertidumbre.
- Mantener la motivación.
- Recuperarse tras los errores.
Todo ello forma parte de la inteligencia emocional.
Y precisamente la frustración nos ayuda a entrenar estas capacidades.
No es casualidad que María Jesús Álava la describa como «la llave de la inteligencia».
Aprender de los errores
La frustración nos obliga a detenernos y preguntarnos:
- ¿Qué ha ocurrido?
- ¿Qué puedo aprender?
- ¿Qué haría diferente la próxima vez?
- ¿Qué recursos necesito desarrollar?
Cuando utilizamos estas preguntas, el error deja de interpretarse como una señal de incapacidad y pasa a convertirse en una oportunidad de crecimiento.
Las personas más resilientes no son aquellas a las que nunca les salen mal las cosas.
Son aquellas que aprenden a levantarse, ajustan expectativas y vuelven a intentarlo.

El papel del sentido del humor
Otro aspecto especialmente interesante que destaca María Jesús Álava es la importancia de desdramatizar.
Muchas veces magnificamos nuestros errores y los convertimos en pruebas irrefutables de que «no valemos» o «no somos suficientes».
Sin embargo, introducir sentido del humor y perspectiva puede ayudarnos a relativizar lo ocurrido.
No se trata de minimizar el dolor ni de negar las emociones, sino de evitar que una situación concreta defina por completo nuestra identidad.
Un error no nos convierte en un fracaso.
Una decepción no determina nuestro futuro.
Cómo enseñar a tolerar la frustración
Desde el Centro de Psicología Álava Reyes recomendamos algunas estrategias prácticas:
Validar las emociones
Frases como:
- «Entiendo que estés enfadado.»
- «Sé que esto te ha decepcionado.»
- «Es normal que te sientas triste.»
ayudan a que niños y adultos se sientan comprendidos.
No resolver inmediatamente
Acompañar no significa solucionar automáticamente todos los problemas.
Es importante favorecer la búsqueda de alternativas y el desarrollo de autonomía.
Reforzar el esfuerzo
Más allá del resultado, conviene valorar:
- La perseverancia.
- La capacidad de volver a intentarlo.
- La actitud de aprendizaje.
Normalizar el error
Equivocarse forma parte del proceso de vivir.
No es una excepción, sino una experiencia universal.
La frustración nos hace más humanos
Quizá el mayor aprendizaje sea comprender que la felicidad no consiste en eliminar cualquier emoción incómoda.
La vida implica alegrías, pérdidas, éxitos y decepciones.
Aceptar la frustración como parte del camino nos permite desarrollar fortaleza, sensibilidad y confianza en nuestros propios recursos.
Desde el Centro de Psicología Álava Reyes queremos recordar que no debemos temer a la frustración. Bien acompañada, puede convertirse en una extraordinaria aliada para aprender a vivir.
Porque no crecemos cuando todo sale como esperábamos.
Crecemos cuando descubrimos que, incluso cuando las cosas no salen bien, somos capaces de adaptarnos, aprender y seguir adelante.
Y esa es, probablemente, una de las mayores muestras de inteligencia emocional.