Hemos Normalizado el Cansancio: Cuando Descansar se Convierte en un Acto de Salud Mental
Durante años se nos ha repetido que poder con todo era sinónimo de fortaleza, éxito y valía personal. Sin embargo, cada vez más personas —especialmente mujeres y generaciones jóvenes— viven en un estado de agotamiento crónico, con la sensación permanente de no llegar a todo y de estar siempre en deuda consigo mismas. Como recoge el artículo “Hemos normalizado el cansancio como estilo de vida: la nueva ambición es reposar”, publicado en El País, estamos asistiendo a un cambio profundo: descansar empieza a percibirse como una necesidad psicológica y un acto de resistencia frente a la hiperproductividad.
En el Centro de Psicología Álava Reyes consideramos fundamental analizar este fenómeno desde la salud mental, porque el cansancio no es solo físico: es emocional, cognitivo y relacional.
El cansancio como norma: un problema psicológico invisibilizado
Expresiones como “no me da la vida” o “estoy agotada, pero sigo” se han convertido en frases cotidianas. Vivimos hiperconectados, en estado de alerta constante, con una mente que no descansa ni siquiera cuando el cuerpo se detiene. Este funcionamiento sostenido activa de forma continua los sistemas de estrés, favoreciendo la rumiación mental, la ansiedad y la sensación de pérdida de control.
Tal y como se plantea en el artículo, hemos confundido durante demasiado tiempo estar ocupados con tener una vida plena. Desde la psicología, sabemos que esta confusión tiene un coste elevado: cuando no existen espacios reales de descanso, el cerebro pierde capacidad de autorregulación emocional, aumenta la irritabilidad, disminuye la tolerancia a la frustración y aparecen síntomas como apatía, bloqueos, problemas de sueño o dificultad para disfrutar.
Descansar no es desconectar: una diferencia clave para la salud mental
Uno de los aspectos más relevantes desde el punto de vista psicológico es la confusión entre desconectar y descansar. Apagar el móvil o dejar de trabajar no garantiza descanso si la exigencia interna sigue activa.

Descansar implica:
- Bajar el nivel de autoexigencia.
- Reducir el diálogo interno crítico.
- Dejar de vivir en modo “hacer”.
- Permitir el silencio mental y emocional.
Como señalan diferentes profesionales de la psicología, cuando no escuchamos lo que el cuerpo necesita, termina expresándose a través de síntomas. El cansancio sostenido es una señal de alarma, no una debilidad.
El peso de la autoexigencia y la culpa
Especialmente en el caso de las mujeres, el agotamiento tiene una raíz estructural y psicológica. Durante generaciones se ha reforzado la idea de que el valor personal está ligado al cuidado de otros, al sacrificio y a la capacidad de sostener múltiples roles sin quejarse. Esto ha generado una culpa profunda asociada al descanso: si no produzco, si no hago, ¿qué valgo?
Desde la psicología clínica observamos con frecuencia cómo muchas personas viven el descanso como un fracaso, cuando en realidad es una condición imprescindible para la salud mental. La culpa aparece como un mecanismo aprendido, no como una señal de que estemos actuando mal.
Descansar como acto de madurez emocional
En este contexto, descansar no es colapsar en el sofá ni huir de las responsabilidades. Descansar es regular el ritmo, priorizar lo importante frente a lo urgente y aceptar los propios límites sin castigarse por ello. Es un acto de madurez emocional y de autocuidado consciente.
La psicóloga María Jesús Álava Reyes, citada en el artículo, aporta un dato especialmente revelador: en estudios realizados por su equipo, muchas mujeres no se reservan ni una hora al día para actividades que les resulten gratificantes, mientras que los hombres, en condiciones similares, sí lo hacen. Este desequilibrio no es casual y tiene consecuencias directas sobre el bienestar emocional.
Aprender a poner límites, decir no sin culpa y reservar tiempo propio no es egoísmo; es prevención en salud mental.
De la multitarea al foco: menos, pero mejor
Otro de los aprendizajes clave es abandonar la multitarea constante. Hacer una cosa cada vez, estar presentes en lo que hacemos, reduce la sobrecarga cognitiva y favorece una sensación de mayor control y satisfacción. La psicología ha demostrado que la atención fragmentada incrementa el agotamiento mental y disminuye la eficacia real.
Descansar también es simplificar, reducir el ruido y recuperar una relación más amable con el tiempo.
El descanso como recurso terapéutico
Cuando el descanso empieza a ocupar un lugar central, los cambios son profundos:
- Mejora la creatividad.
- Se fortalecen las relaciones.
- Aumenta la capacidad de disfrute.
- Se recupera energía emocional.
Hoy, el verdadero lujo no es hacer más, sino tener tiempo y energía mental. Redefinir el descanso como un recurso terapéutico y no como una pérdida de tiempo es uno de los grandes retos psicológicos de nuestra época.
En el Centro de Psicología Álava Reyes acompañamos a las personas a revisar su relación con la exigencia, el cansancio y el descanso, ayudándolas a construir una vida más equilibrada, sostenible y respetuosa con su bienestar emocional. Porque descansar no es rendirse: es cuidarse para poder vivir mejor.