“En el fondo soy muy tímido” y otras afirmaciones absurdas sobre la personalidad (I), colaboración de David Pulido para El Confidencial

Cuántas veces habremos oído frases del tipo: «Yo es que


en el fondo soy muy tímido» o «yo soy buena gente pero es que saco mi lado borde», sin que nos hayamos percatado del

enorme absurdo que encierran este tipo de autodefiniciones

? ¿Qué quieren decir? ¿Que existe una especie de doble fondo dentro de cada uno de nosotros donde guardamos determinadas formas de ser, como si tuviéramos una doble personalidad? ¿O que somos de esa manera pero lo ocultamos por insospechadas razones a la vista de los otros, como si tuviéramos una identidad secreta?


Lo que el lenguaje coloquial refleja es una

errónea concepción del ser humano desde el punto de vista de la psicología científica,

donde el comportamiento se presenta como una dualidad «interior/exterior» y del que parten muchos sesgos a la hora de entender el origen de los problemas psicológicos y cómo funcionamos las personas. Décadas de estudios científicos nos obligan a reformular muchos de los conceptos psicológicos que aún perduran en la cultura popular, pero en lo que a la personalidad se refiere, baste decir que somos lo que hacemos.


Simple y llanamente.


Si suelo conversar en las fiestas con todo el mundo y no tengo problemas en coger el turno de palabra, seré una persona extrovertida y si cada vez que hablo lo hago de una manera cortante que provoca rechazo en los otros, seré un borde. Evidentemente,

ninguna conducta se da de la misma manera en todas las situaciones y ésta puede admitir variaciones.

Puedo sentirme inseguro y torpe cuando hablo para una gran audiencia y en cambio ser capaz de mantener una charla muy agradable en un grupo pequeño. Razón de más para no tratar de definirnos usando etiquetas internas y estables que no admiten la variabilidad de los comportamientos reales. Somos lo que hacemos y lo que hacemos varía, evoluciona, y depende de factores externos.



Unas atribuciones erróneas


¿Por qué entonces nos empeñamos en ponernos esas etiquetas tratando de definirnos aunque eso contraste con lo que comprobamos día a día? La razón es tan antigua como el hombre y parte de la

necesidad básica de predecir la conducta

, la propia y la de los otros, para amortiguar la incertidumbre y optimizar los resultados de nuestras acciones.






“Somos lo que hacemos y lo que hacemos varía, evoluciona, y depende de factores externos”





Quiero saber qué tipo de cita aceptará mi vecina o si debería echarle la bronca a mi cuñado. Y si no tengo suficientes datos, trato de adivinarlo atribuyéndoles etiquetas y esperando que se comporten de esa manera. Esas etiquetas provienen de distintas clasificaciones construidas a lo largo de la historia del hombre. Pienso que si mi vecina es Piscis en el horóscopo, debería decírselo con flores, o que si mi cuñado es un «1» en el eneagrama debería evitar una confrontación. A día de hoy

ninguna de estas clasificaciones presenta evidencias empíricas

que las avalen ante la comunidad científica


y, sin embargo, tienen un éxito arrollador ante las personas ávidas de clasificarse cuando son sustentadas por una industria que mueve millones de euros.


También nos equivocaremos en el resultado si se sustituyen esas etiquetas por variables de personalidad clásicas y establezco que mi vecina «es romántica» y mi cuñado «es irascible». La llamada «personalidad», a la luz de los últimos estudios,

es un constructo, si no ficticio, al menos muy limitado

en la predicción de la conducta. Averiguaremos mejor si un alumno va a levantar la mano en clase si analizamos cuánta gente hay en el aula, cómo ha respondido en el pasado dicho alumno y qué tipo de reacciones suele tener el profesor ante una respuesta errónea y otra acertada, que si realizamos un test y clasificamos a la clase en función de su «extroversión».

Si tienes alguna pregunta o quieres trabajar tus relaciones persones, no dudes en ponerte en contacto con nosotros en el 917667028

Cuando te acompaña la ansiedad, ¿qué tenemos que hacer? Vicente Prieto para EL confidencial


La ansiedad es una emoción que se caracteriza por la alteración de distintas respuestas físicas que la persona se autoprovoca cuando percibe la situación con la que tiene que interaccionar, de manera amenazante. La ansiedad aparece, por ejemplo, cuando nos enfrentamos a una tarea exigente:


“Me pongo tenso cuando presento los resultados de mi departamento a la dirección de la empresa, tengo alta sudoración, la boca se me seca y siento bloqueo”.

Si estos y otros síntomas de la respuesta de ansiedad son intensos, la persona se ve limitada para adaptarse bien a la situación y se pasa mal rato.


Es frecuente que estos mismos síntomas los sienta también días antes de volver a hacer otra presentación a la dirección. Se anticipa de manera negativa, e incluso la inseguridad la puede ampliar a otras situaciones que en principio nada tendría que ver con hablar con la dirección, como supervisar a su equipo, realizar un viaje de trabajo, tomar decisiones con un proveedor o negociar con un cliente, entre otras responsabilidades profesionales cotidianas. Puede generalizar esta respuesta desmedida a otras situaciones y

la persona se verá con dificultades para hacer una vida normal.






“El consumo de fármacos, ansiolíticos y antidepresivos está aumentando escandalosamente”





Estamos en una sociedad muy medicalizada. Las personas tienen muy interiorizado todavía que para terminar cuanto antes con la sintomatología física y psicológica molesta o limitante, tienen que tomarse un fármaco y ya está. La intervención psicológica supone más esfuerzo porque de lo que se trata es de

aprender a cambiar hábitos de comportamiento

, a pensar de una manera más racional, a gestionar emociones, etc, y estos entrenamientos necesitan más tiempo para minimizar esta sintomatología.


Por otra parte, nos encontramos que la persona que consume determinados fármacos para disminuir la ansiedad o para estabilizar su estado de ánimo, tiende a aumentar el consumo ante cualquier eventualidad adversa que por otra parte es normal para el ser humano: una frustración, quedarse en paro, un ascenso que considera la persona que no tiene recursos, una separación, una mudanza, entre otras muchas circunstancias.

Tienden a automedicarse para estar lo mejor posible, limitando la posibilidad de utilizar sus propios recursos para adaptarse a la situación novedosa.


Todos sabemos que estos fármacos se recomiendan de boca a oreja:

“si estás nervioso, tómate esta pastilla que a mí me va muy bien”.

El consumo de fármacos, ansiolíticos y antidepresivos está aumentando escándalosamente y sabemos que la ansiedad no se controla exclusivamente con el fármaco sino que hay que aprender a controlarla fundamentalmente con estrategias psicológicas, y en algunos casos con una intervención mixta, psicológica y farmacológica.



¿Qué podemos hacer para reducir la ansiedad?




Para reducir la respuesta de ansiedad y sus síntomas molestos es importante que dediquemos un tiempo cada día a revisar esos pensamientos negativos que están provocando alarma en nuestro organismo. Se trata de anotar en una hoja los siguientes criterios:








Situación ambiental (“utilizar el avión”)







Pensamientos alarmantes (“seguro que algo fallará”)







Síntomas físicos (“tensión muscular”)




Es muy importante aprender a modificar el pensamiento,



que sea más realista, más útil, más positivo. Si conseguimos cambiar el lenguaje interno que utilizamos con nosotros mismos sentiremos menos ansiedad. Volvamos al ejemplo anterior:








Situación ambiental (“utilizar el avión”)







Pensamiento realista (“llegaré pronto al destino”)







Síntomas físicos (“tranquilidad”)




Si practicamos diariamente cómo cambiar nuestros pensamientos negativos conseguiremos reducir los síntomas de ansiedad



. Los pensamientos positivos tienen una fuerte influencia en nuestro estado de ánimo, simplemente tienen que practicarlo.






“Es en el momento presente donde podemos tomar decisiones, cambiar las cosas y disfrutar de ellas”





Por otra parte, también

es muy importante adquirir el hábito de respirar de manera profunda

, abdominalmente, de vez en cuando a lo largo del día, cuantas más veces, mejor. Y si hacemos relajación en cualquiera de sus modalidades (relajación muscular progresiva, entrenamiento autógeno, yoga, meditación, etc) nos ayudará a reducir todavía más la respuesta de ansiedad y de una manera muy sencilla.


Es aconsejable centrar nuestra atención y nuestro esfuerzo en aquellas cosas que podemos controlar directamente utilizando nuestros propios recursos, en lugar de centrarnos en lo que no depende de nosotros.

La incertidumbre provoca inseguridad y por lo tanto ansiedad.

No debemos anticipar escenarios negativos de nuestra vida, tenemos que centrarnos en vivir el aquí y el ahora, es en el momento presente donde podemos tomar decisiones, cambiar las cosas y disfrutar de ellas.


Tenemos que tener objetivos que sean realistas y que se puedan conseguir. Si las exigencias son desmedidas no llegaremos a alcanzarlas y sentiremos frustración por ello. Deberíamos tener objetivos claros en todas las áreas de nuestra vida.


Realizar actividades agradables diariamente, pequeños momentos pero de gran eficacia si lo hacemos: lectura, buena conversación, descansar, escuchar música, etc.

Planifica el día de manera realista sin proponerte más actividades que tiempo real para hacerlas,

algo que desgasta mucho a nivel emocional.


No debes criticarte tanto a ti mismo por cometer errores y plantearte la mejora personal como un reto y ponerte en marcha para conseguirlo. Es muy importante que aunque tengas síntomas intensos de ansiedad, si sólo son síntomas molestos pero no ponen en peligro tu vida, tienes que aprender a manejarlos con eficacia y serenidad.


Por último, te recuerdo que con la práctica de estas estrategias, la ansiedad se puede controlar bien. No obstante,

si consideras que las circunstancias cotidianas te desbordan es el mejor momento para ir al psicólogo

y terminar con este proceso emocional limitante. No dudes en pedirnos consejo contactando con nosotros en el

Programa de prevención de violencia de género


El Centro deportivo HUMAN SPORT CENTER, en su decisión de apoyar esfuerzos encaminados a potenciar  el área de la mujer, desde su propia esfera, con información y formación adecuadas y poniendo especial énfasis en el abordaje de una de las situaciones más preocupantes para la mujer de hoy,  la falta de respeto a la mujer como persona y, su caso más extremo, la Violencia de género toma acción con tres iniciativas, complementarias, con la mejor actitud de aportar ayuda y apoyo:



1.




Conferencias, talleres, encuentros, relacionados con el mundo de la mujer y con especial atención al área de  la Violencia de género así como con su prevención. Exposición de ponencias o debate, en sábado: 4 horas



2.




Talleres de Defensa Personal para la Mujer – Prevención de Violencia de género.  Dichos talleres tendrán una fase de exposición de ponencias (cuatro horas) y otra práctica, en tatami, de dos horas de duración como muestra de posibilidades de actuación tanto en desactivación verbal y recursos de comunicación táctica como en práctica física efectiva (Evasión-huída y Defensa personal). Realización en sábado y domingo.



3.




Clases prácticas, en ciclos de dos meses y medio, de Defensa personal para la mujer- Prevención de violencia de género, donde tendrán presencia un especialista en este campo, fundamentalmente, una psicóloga y un abogado.



A QUIÉN VA DIRIGIDO EL PROGRAMA DE CLASES DE D.P.M.-PREVENCIÓN DE VIOLENCIA DE GÉNERO?:




o

A mujeres que demandan una actividad que aporte seguridad psíquica y física,


o

A mujeres con miedos o realmente  susceptibles de padecer  situaciones de riesgo de agresión,


o

A mujeres interesadas en la Prevención de la Violencia de género,


o

Como refuerzo a mujeres que hayan sufrido o estén en proceso de sufrir violencia de género


Más información en http://www.humansportcenter.com




Aprender a ver todo lo positivo que nos rodea en nuestra vida cotidiana: Reorientar la mirada (III), por Carlos Mateo


Ejemplo de registro diario (parcial):



REGISTRO DE ACTIVIDADES GRATIFICANTES


Fecha: 21 – febrero – 2012


1.- He dormido bien.


2.- Remoloneo unos minutos en la cama antes de levantarme.


3.- Qué agradable-cálida es mi habitación.


4.- Me saludo en el espejo del baño: Hoy puede ser un gran día.


5.- Pongo la radio y escucho las noticias (me encanta).


6.- La ducha: agua abundante y calentita, como a mí me gusta.


7.- Buenos días y un beso de mi mujer.


8.- Hago unos estiramientos y me siento bien haciéndolos.


9.- El olor del café recién hecho.


10.- Como una naranja muy jugosa (¡Qué buena está y qué bien huele!).


11.- Tostada con mermelada de mora (riquísima).


12.- Café con leche calentito.


13.- Aire frío en la cara al salir a la calle.


14.- El autobús llega pronto – apenas tengo que esperar.


15.- … (continúo anotando el resto de los hechos y actividades gratificantes del día) …..……………………………………………………………………………….


56.- Me lavo los dientes (sensación de frescor en la boca).


57.- Qué gusto meterme en mi cama, tan cálida y cómoda.


58.- Leo un rato (Título del libro que estoy leyendo y que estoy disfrutando).


59.- Digo buenas noches a mi mujer y le doy un beso.


60.- Qué gusto de cama. Apago la luz, me relajo y me dejo caer en el sueño.




ESTADO DE ÁNIMO MEDIO DEL DÍA:  7,5



Nuestra vida cotidiana está repleta de pequeñas maravillas, de minúsculos momentos agradables, dispuestos ante nosotros para que los podamos vivir disfrutar. Y sin duda son muchos más los estímulos y las situaciones gratificantes que los desagradables, a poco que nos demos la oportunidad de percibirlos.


Desde aquí invito a todo el mundo a aceptar el reto de demostrarse que podemos incrementar nuestra felicidad. Basta proponérnoslo con un poco de entusiasmo. Ánimo y a disfrutarlo.

Aprender a ver todo lo positivo que nos rodea en nuestra vida cotidiana: Reorientar la mirada (II), por Carlos Mateo

Como práctica de entrenamiento que nos permita adquirir esta habilidad perceptiva, y que nos lleve a ser más felices en nuestra vida de todos los días, propongo llevar a cabo el ejercicio conocido como  “La hucha emocional”. Dicho ejercicio consiste en lo siguiente:

1.- Hacerse con una pequeña libreta de bolsillo y bolígrafo, o en su caso con cualquier dispositivo electrónico (móvil con bloc de notas, Ipad, etc.) que podamos llevar siempre encima y que vamos a utilizar para anotar todas las cosas positivas que percibamos, pensemos, o actividades gratificantes que realicemos, por pequeñas que estas puedan ser.

2.- Cada día a primera hora de la mañana anotaremos la fecha del día, y a partir de ese momento iremos registrando todo lo positivo y agradable que hagamos o percibamos.

3.- Tan pronto percibamos un hecho o estímulo, o realicemos una actividad agradable, por insignificante que éste pueda ser, si en alguna medida lo hemos disfrutado, lo registraremos lo antes posible; de este modo no habremos de fiarnos de la memoria y no lo olvidaremos.

4.- No importa que los hechos agradables sean cotidianos y los repitamos cada día (por ejemplo, darnos cuenta de que hemos dormido bien, una ducha que nos estamos dando en ese momento, el olor del café recién hecho, pensar que mañana voy a ver a alguien a quien aprecio, etc): Si nos agradan y disfrutamos de ellos siquiera sea un poquito, es importante registrarlos tantas veces como sucedan, incluso aunque ocurran varias veces en un mismo día. Ej. Si bebo un vaso de agua varias veces al día, y en cada ocasión me hago consciente de lo agradable que me resulta hacerlo, o siento que me estoy hidratando y pienso que eso es bueno para mi cuerpo, lo anotaré en el registro cada vez que suceda.

5.- Es fundamental aprender a “atomizar”, es decir a desglosar, concretar y percibir en elementos simples. Por ejemplo, si una actividad agradable ha sido asistir a una fiesta, es crucial que la separemos en todos los componentes placenteros que han tenido lugar, como pueden ser: charla interesante con Antonio, anécdota graciosa de María, los canapés de salmón estaban riquísimos, he bailado una rumba con Rocío, etc y no sencillamente “fiesta en casa de Pepe y Luisa”.

6.- En aquellas situaciones sociales en que por estar acompañados, no consideremos oportuno sacar la libreta para registrar, procuraremos anotar lo sucedido o percibido lo antes posible, para no olvidarlo ni “perderlo”.

7.- Es importante ser breves en la anotación, para que nos resulte fácil y rápido hacerlo, pero no tanto que luego no podamos recordar a lo que nos referíamos con la anotación.

8.- Si el suceso gratificante ha sido, por ejemplo, una película que hemos visto y que nos ha gustado, anotaremos el título, de modo que cuando leamos el registro pasado un tiempo, podamos rememorar algo de la película y disfrutar haciéndolo. A todos los efectos este registro o hucha  emocional constituye una especie de “diario en positivo”, que luego podremos utilizar como hacemos con un álbum de fotos, que al volver a verlo recordamos y revivimos en alguna medida dónde estábamos, con quién, y qué hacíamos, y experimentamos de nuevo un cierto placer al hacerlo.

9.- Al final del día y antes de acostarnos, haremos una lectura rápida de todo lo registrado durante la jornada, y considerando el día globalmente le calificaremos con una “nota del estado de ánimo medio del día”, entre cero y diez (0 – 10), y lo anotaremos al pie del registro del día.

10.- Si la hipótesis de partida es correcta, aquellos días en que hemos hecho más actividades agradables y hemos percibido más hechos gratificantes, serán los que mayor puntuación de estado de ánimo medio obtengan. Y si esto es así, significaría que nuestros estados de ánimo dependen esencialmente de nosotros mismos, de cómo percibamos el mundo que nos rodea y de la cantidad de actividad gratificante que nos empeñemos en realizar y acabemos haciendo. Es decir que las riendas de nuestros estados emocionales están realmente en nuestras manos. Y eso es estupendo.

En nuestro próximo post veremos un ejemplo de registro diario:

Aprender a ver todo lo positivo que nos rodea en nuestra vida cotidiana: Reorientar la mirada, por Carlos Mateo


Alcanzar la felicidad implica comprometernos con un cambio de actitud, que nos permita aprender a orientar nuestra mirada, y de este modo acabar viendo todos esos detalles y pequeños milagros cotidianos, que a pesar de tener delante de nuestras narices, habitualmente no somos capaces de percibir ni valorar.


Todos conocemos la vieja imagen de la botella con la mitad de su contenido. Hay personas más bien negativas, pesimistas, que sistemáticamente la ven medio vacía, y que incluso no admiten ninguna otra posibilidad de percibirla. Suelen afirmar cosas tales como: “No me cuentes milongas la botella está claramente medio vacía y no me vas a convencer de lo contrario”. Cuando me encuentro con personas así, suelo darles la razón, porque efectivamente es cierto que la botella está medio vacía. Pero a continuación les formulo la siguiente pregunta: “Una vez te he reconocido que la botella está medio vacía, ¿Me puedes demostrar tú a mí de alguna manera incuestionable que no está también medio llena?”. Antes o después mi interlocutor acaba por reconocer la evidencia de que efectivamente la botella también está medio llena.


El ver la botella medio llena o medio vacía, es pues una cuestión meramente perceptiva e interpretativa. Por tanto podemos ver la botella de un modo o de otro. Pero la realidad es que si libre y voluntariamente decidimos adoptar la actitud de ver la botella medio llena, emocionalmente vamos a sentirnos mejor que si la vemos medio vacía, y además no nos estaremos engañando viéndola de este modo.


Lo mismo que hacemos en el caso de la botella, elegir voluntaria y libremente cómo deseamos verla, conscientes de la importancia que ello tiene para nuestros estados de ánimo, es lo que podemos hacer con la realidad cotidiana en su conjunto.


Y este es precisamente el estimulante reto que proponemos a quien desee afrontarlo: aprender a mirar la vida con unos ojos que nos permitan apreciar todas las pequeñas maravillas que nos rodean; aprender a escuchar, a partir de los múltiples y variados estímulos que percibimos con nuestros oídos (música, conversaciones, sonidos de la naturaleza, …), y en definitiva, ser capaces de abrir todos nuestros sentidos, e incluso todos los poros de nuestro cuerpo, para poder captar todos los estímulos agradables que nos rodean en el día a día, por minúsculos o irrelevantes que éstos nos puedan parecer.


En el próximo post veremos el ejemplo de la “hucha emocional” como práctica de entrenamiento que nos permita adquirir esta habilidad perceptiva


Tiempo de crisis: la psicología nos puede ayudar (II)


Por lo menos ¡merece la pena intentarlo! Y preguntémonos ¿Por qué no lo vamos a conseguir? Seguiremos las pautas marcadas en el apartado anterior y muy importante: Empezaremos a valorar lo que tenemos y no lo que hemos perdido,…



¡Lucha por lo que quieres!



Y utiliza tus recursos y potenciales para perseguir esas metas realistas que deseas alcanzar


¡Si no lo intentas no lo conseguirás y perderás la oportunidad de saber si de haberlo intentado,  lo hubieses conseguido!



¡IMPORTANTE!



La ira, la frustración, el desánimo, la impotencia, etc. son emociones extremas que conducen al ser humano a un estado de ánimo depresivo y ansioso que hacen sufrir,  impiden observar con claridad la realidad y dificultan la consecución de nuestros objetivos.



¿Qué puede aportarnos la Psicología?


La Psicología es una Ciencia que nos proporciona la ayuda necesaria  para aprender a gestionar y cambiar nuestros pensamientos, emociones, conductas y actitudes que nos están paralizando y bloqueando.



¡Es posible!

Y vital si queremos alcanzar nuestras metas, afrontar la crisis económica de una forma adaptativa y sobre todo, que no vaya en detrimento de nuestra salud mental.


Pensemos que es un estado transitorio y que Incluso,… ¡podemos salir fortalecidos! Porque podemos adquirir habilidades de afrontamiento que con anterioridad no poseíamos.




La Psicología puede ayudarnos




.









Tiempo  de Crisis: La Psicología nos puede ayudar



Pautas Emocionales y/o Conductuales recomendadas:



1.






Vigilar y controlar nuestra actitud



2.






Fijarnos un plan de actuación con metas y objetivos realistas



3.






Esforzarnos por conseguirlo



4.






Abandonar el

“papel de víctima”




5.






Controlar el

“mal humor”

y utilizar

“el sentido del humor”







¿Puedo conseguir que mi vida sea cómo yo deseo?






¿Qué puede aportarnos la Psicología?





Tiempo de Crisis: La psicología nos puede ayudar


Desde hace unos años nos encontramos inmersos en una situación económica delicada y difícil que ha hecho tambalear, entre otros, la economía familiar. Como consecuencia de ello,  el estado de ánimo de la población se ha visto afectado, de tal manera,  que si no seguimos ciertas pautas orientadas a manejar la sintomatología que presentamos, puede desencadenar en un deterioro importante de nuestra salud mental.



¿Qué pautas emocionales y/o conductuales serían las más recomendables a seguir?







  • En primer lugar

    , es vital reflexionar con calma si

    nuestra actitud es la


    más adecuada

    para conseguir nuestros objetivos. Si no es así, intentar modificarla para que no obstaculice  la consecución de las metas que vamos a establecer.


En estos momentos delicados

¡no podemos permitirnos hundirnos psicológicamente!


Debemos ser conscientes de algo fundamental: si no controlamos y manejamos de forma adaptativa nuestro modo de actuación, añadiríamos una dificultad más a las ya existentes y ¿Esto nos ayudaría o , por el contrario, agravaría aún más nuestra situación?



  • En segundo lugar

    , hablamos de metas, objetivos o proyectos y ¡si! tenemos que

    fijarnos un


    plan de actuación

    porque ¡No podemos quedarnos

    “parados”

    , como si nada pudiéramos hacer!


Vamos a confeccionar un listado de

objetivos realistas

y de manera racional seguiremos nuestro plan establecido.





  • En tercer lugar

    , cada día tenemos que

    esforzarnos

    para intentar cumplir esas tareas o metas que hemos asignado en nuestra agenda y así, de este modo, será más sencillo que alcancemos a corto y medio plazo los objetivos marcados.




  • En cuarto lugar

    , sería interesante preguntarnos

    ¿hemos adoptado un



    “papel de víctima

    ”?

    Si la respuesta es afirmativa ¡debemos abandonarlo y asumir un papel más proactivo! Así, podremos alcanzar los objetivos fijados previamente.


De otro modo,

“nos resignaremos y pensaremos que nada podemos hacer por modificar nuestra situación y nuestra manera de pensar”

.





  • Por último

    , tenemos que ser capaces de

    controlar el

    “mal humor”

    y aprender a utilizar el

    “sentido del humor”


    .


Si nuestra vida es percibida como catastrófica, horrible y nos hemos convertido en personas irascibles, frustradas e infelices ¿a dónde nos conduce esta línea de pensamiento y de actuación? Pensemos que ¡siempre podría ser peor!


Y preguntémonos si realmente es tan horrible como lo vemos, o podemos darle un giro y corregir ese estilo melodramático.

Vivir en Paz con las relaciones familiares (y III)


¿QUÉ PODEMOS HACER CUÁNDO SURGE UN CONFLICTO?


Los conflictos surgen muchas veces cuando hemos estado aguantando por miedo a los cambios,  cuando no aceptamos a la persona tal como es, cuando no nos quedamos con aquello que nos enriquece en la relación y seguimos pidiendo o exigiendo cambios que no llegarán.


No hay recetas mágicas, el conflicto va a surgir en un momento u otro pero no tenemos que vivirlo como algo negativo sino como una forma de aprendizaje. Ayudan las discusiones entendidas como intercambio de opiniones, con el objetivo de buscar soluciones o llegar a acuerdos,  no como forma de  lanzarnos cuchillos con las palabras. Tendremos que  desarrollar al máximo la negociación; no ceder siempre pero sí ser flexibles.




ERRORES QUE COMETEMOS CON FRECUENCIA:


  • Poner a algunos de los miembros familiares una etiqueta: dificulta que podamos tener una visión objetiva de la situación y hace que nos quitemos de toda responsabilidad.

  • Reaccionar en mal momento: si estamos muy alterados no estamos tranquilos emocionalmente y no podremos ser objetivos. Primero hay que alcanzar la serenidad para después poder razonar por qué el familiar se comporta de ésta manera, intentar comprenderlo, y generar ideas sobre qué podríamos hacer nosotros para estar mejor.

  • Depositar en la familia la responsabilidad de cubrir todas nuestras necesidades afectivas en lugar de buscarlas en otros contextos más apropiados como, por ejemplo, nuestro círculo de amistades .Depender en exceso, en lugar de potenciar nuestras propias fortalezas.

Vivir en Paz con las relaciones familiares (II)


¿EN QUÉ ASPECTOS DE LAS RELACIONES ES IMPORTANTE HACER REAJUSTES?


La inflexibilidad suele darnos problemas. En ocasiones nos mantenemos estáticos en la forma de  relacionarnos con los familiares, aparecen cambios vitales pero no los aceptamos y no nos adaptamos ante ellos. Cuando hay nuevas incorporaciones a la familia, tendremos que ser tolerantes con otras costumbres, formas de comunicarse, e incluso de relacionarse.


El sobreproteccionismo genera en la otra persona una excesiva dependencia hacia nosotros, una falta de autonomía propia que acaba resultando incómoda y nos impide madurar. La distancia excesiva tampoco funciona bien; el contacto, el tiempo compartido, el interés  y el apoyo no debería de ser una tarea pendiente.


Echar las culpas al otro del mal funcionamiento de las relaciones suele ser muy frecuente. Debemos hacer un esfuerzo por empatizar, por comprender la conducta del otro  y analizar qué podemos hacer para iniciar los cambios desde nosotros mismos.




¿QUÉ SENTIMIENTOS SUELEN SER MALAS COMPAÑÍAS?


La envidia y los celos: observar a quién y en qué tenemos  envidia  puede sernos útil para ver qué cambios tenemos que hacer en nosotros mismos para ser más felices. Dejar de compararnos con los demás y disfrutar plenamente de aquello que en estos momentos tenemos es una buena estrategia. Centrarnos en lo que hay de positivo en nuestra relación con ese miembro familiar y no en lo que no hay, en lo que sí hay con otro, etc.


El orgullo: excesivo, nos impide avanzar en la resolución de las dificultades que surjan en una relación. Bloquea la posibilidad de negociación, de entendimiento  y de búsqueda de soluciones.