¿Somos víctimas? (II) por Mercedes Moreno


Lo cierto es que frente a una situación, casi siempre hay más de una alternativa. Que no nos gusten estas, o no nos sean del todo favorables, no significan que no existan.


En algunos de los casos anteriores:








  • Podría ir al paro, aunque eso suponga, no cubrir gastos que tengo mensuales. En tal caso podría reducirlos o  pedir ayuda económica, etc.



  • Puedo llevarla a una residencia,  bajar mi nivel de vida y ponerle una ayuda en casa, en última instancia dejarla sola aunque conlleve el riesgo de accidente.



  • Puedo dejarle o aceptar lo que ha pasado.


Sentir que no tengo capacidad de decisión y que mi mal estar es impuesto nos permite desahogarnos y quejarnos y muchas veces obtener el apoyo emocional de otros. Sin embargo, también nos sitúa en una posición de impotencia que suele redundar en una baja autoestima ya que las víctimas son personas en inferioridad de condiciones.


Si soy consciente que estoy decidiendo y que tengo otras alternativas pero que para mi esta es la menos mala, automáticamente mi sentimiento y mi manera de enfrentar la situación cambiará.


Responsabilizarnos de nuestras alternativas aunque no nos gusten  nos lleva a la acción y al cambio o a la aceptación.




  • No he encontrado a nadie que cumpla mis expectativas y no quiero estar con cualquiera. Hasta que eso ocurra será mejor que lo acepte y aprenda a valorar con lo que sí cuento en mí vida.



  • Me sentiría muy mal si a mi madre la pasa algo, por eso voy a responsabilizarme de la situación y voy a hacer números a ver si puedo pedir ayuda y si no voy a ver como traerla a casa o ver como lo podemos gestionar de la mejor manera.



  • Aún a pesar de lo que mi marido ha sido capaz de hacer lo cierto es que lo quiero mucho y me está demostrando su arrepentimiento y mucho cariño. Sé que no me perdonaría no darle otra oportunidad a nuestra familia; No quiero estar con una persona que me ha traicionado por lo que aunque me duele mucho romper y abandonar nuestro proyecto de vida sé que no podré perdonarle así que es mejor que iniciemos caminos separados.



Hay muchos acontecimientos en nuestra vida o personas que van a pasar por ella, que no podemos elegir, pero lo que hacemos frente a ello sí depende de nosotros. Darnos cuenta de ello y pasar a

ocuparnos

en vez de a

preocuparnos

nos ayudará una vez más a eliminar sufrimientos inútiles y estériles como lo es el sentirse víctima.



¿Somos víctimas? (I) por Mercedes Moreno


Casi todos en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido víctimas de una relación o de una situación. Esto pasa cada vez que sentimos que no tenemos opciones o nos vemos obligados a aceptar algo que no nos gusta y nos hace daño.







  • “Tengo x años y estoy sin pareja y sin familia”.” No puedo ser feliz con mi vida así”.







  • “Siento que este trabajo está acabando conmigo pero no tengo otra alternativa que tragar”.







  • “Mi  madre está mayor y no tengo otra alternativa que traerla a casa. No puedo dejarla sola”.











  • “Mi marido sabía que no lo iba a dejar y aún así me ha sido infiel, me ha destrozado la vida porque ya nunca será igual, pero tampoco puedo dejarle”.


En todas estas situaciones nos enfrentamos a situaciones desagradables para nosotros frente a las cuales me siento  o me posiciono en situación de víctima porque considero que no tengo más alternativas.

Buenos Tratos: Un hábito saludable (y III) Gemma del Val



EXAMEN INTERIOR



:



1.-. ¿Por qué no somos capaces de ponernos en el lugar del otro (actitud empática) y actuar en consecuencia, ¿cómo deseas que te traten a ti? Y ¿Tratas así a los demás?


2.-  Debemos aprender a tratarnos con respeto a nosotros mismos y no tolerar los malos tratos físicos o psicológicos (tolerancia cero hacia el maltrato).


3.-  ¿Somos capaces de expresar a los demás de una manera asertiva que su comportamiento o actitud no nos gusta? ¿Somos capaces de pedir disculpas? ¿Y de aceptar críticas?


4.- ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a modificar nuestras conductas y/o actitudes que pueden no ser las más saludables?


5.-   ¿Pensamos que es el otro/a quien tiene que modificar  su actitud y no nosotros?


6.-   “Yo soy así y no puedo hacer nada para cambiar,…”


7.-    “Los buenos tratos son una cursilada,…”



Es importante comenzar a tomar medidas porque


“los buenos tratos se están perdiendo y olvidando”.







Los Buenos Tratos: un Hábito saludable





Cómo fomentar los Buenos Tratos



Aplicación de la Psicología en el ámbito de los Buenos Tratos



Variables emocionales que nos ayudan a mejorar los Buenos Tratos



Examen interior


Buenos Tratos: Un hábito saludable (II) Gemma del Val



Aplicación de la Psicología en el ámbito de los Buenos Tratos:


La utilización de técnicas básicas de aprendizaje, de modificación de conducta y técnicas cognitivas pueden ayudarnos a modificar nuestros hábitos poco saludables (control de la ira y de la agresividad, entrenamiento en habilidades sociales, desarrollo de la empatía, asertividad, autocontrol,…).


Debemos ser conscientes de que es posible aprender y/o modificar conductas y que ¡está en nosotros mismos el poder mejorar!




¿Qué variables emocionales debemos tener en cuenta para mejorar los buenos tratos?




Para poder manejar de manera adecuada las  conductas desadaptativas y  desarrollar valores que favorezcan  nuestro bienestar emocional y el de los demás, sería vital  aprender a:



1.-  Manejar nuestras emociones extremas: agresividad, ira, miedo, frustración, etc.




2.-  Manejar nuestros pensamientos automáticos de tal forma que reflejen la realidad y no

“nuestra realidad”

, que en muchos casos está  distorsionada.




3.-  Manejar nuestras conductas y/o adquirir habilidades nuevas. Si nuestra actitud o comportamiento hacia los demás comienza a cambiar, nos daremos cuenta de que los otros también empiezan a adoptar actitudes distintas con nosotros.




4.-  Sería interesante que cada uno de nosotros realizásemos un

“examen interior”

que nos ayudase a  darnos cuenta  de cómo tratamos a los demás. Si el resultado es “

insuficiente”

, ¿deseamos mejorarlo y/o cambiarlo?

No dudes en ponerte en contacto con nosotros en el 917667028 si necesitas ayuda o consejo sobre el control de las emociones, habilidades sociales,

empatía, asertividad, autocontrol


Buenos Tratos: Un hábito saludable (I) Gemma del Val


Con el paso de los años se han ido destapando, denunciando y condenando los


“malos tratos físicos y psicológicos”,


ya sean ejercidos sobre mujeres, hombres, niños, animales o la propia naturaleza.


Todos somos seres vivos y por derecho merecemos ser respetados.


El  entorno más cercano de cada uno y los medios de comunicación han sido dos vías fundamentales para dar  a conocer que el ser humano puede llegar a comportarse con los demás o con su entorno de una forma denigrante, tirana y descortés.


Por ello, sería interesante empezar a


“cultivar los buenos tratos”


en nuestra sociedad.



¿Cómo podríamos contribuir a fomentar los buenos tratos?


Desde el punto de vista de la Psicología, a pesar de la dificultad que supone contestar a esta pregunta de una manera concisa, sí podemos precisar que sería positivo comenzar trabajando desde el punto de vista de

la prevención

.


Adecuados modelos de referencia y una educación desde la más temprana infancia en el entorno familiar, social y escolar es clave para favorecer relaciones óptimas con los demás y con nuestro medio ambiente.


Transmitir que  la comunicación y el diálogo es la vía para solventar discrepancias y no la agresividad o el insulto. ¡Ser amables, tolerantes y respetuosos con los demás no debe ser la excepción, sino la “regla”!


Es importante comenzar a fomentar valores éticos y morales, siendo capaces de establecer unas

“adecuadas normas de convivencia”.


En nuestra sociedad actual  existe “

un especial culto al cuerpo”

y  una clara tendencia a prestar una atención exclusiva a la imagen física,  pero

¿por qué no prestamos ese mismo cuidado a nuestro interior y a las relaciones con los demás?


¿Por qué estamos descuidando los “buenos tratos”?

¿Vas a criticar a los demás? Tienes que dominar las 10 claves (y II) colaboración de David Pulido para El Confidencial

CONTENIDO DE LA CRÍTICA


6. Controlar el lenguaje no verbal:

Hay personas que olvidan que nuestros gestos corporales son parte de la crítica y mientras escogen cuidadosamente las palabras, olvidan controlar el tono de voz, la distancia con la otra persona o la expresión facial. Una mirada iracunda o una risa nerviosa puede arruinar la crítica mejor construida. Debemos transmitir firmeza y calma a la vez con nuestro lenguaje no verbal.


7. Definir la conducta que queremos cambiar :

A la hora de empezar la crítica tenemos primero que exponer lo que ha ocurrido de una manera objetiva y concreta. Caer en la tentación de exagerar lo que ha pasado o convertirlo en una crítica global para captar más la atención de nuestro oyente no hace sino enzarzarnos en una discusión sobre si eso es así o no e impedir que se avance. El éxito se logrará cambiando cosas concretas poco a poco y no tratando de que la otra persona modifique su forma de actuación de manera global. Expondremos a modo de titular lo que ha pasado y de manera personal añadimos lo que nos parece o cómo nos hace sentir

Así frente al

«Eres un desastre, siempre igual, es que no es normal que todo lo hagas así»

deberíamos decir:

«Esta mañana dejaste la ropa tirada en el suelo y me ha molestado porque he tenido que recogerla yo»


8. Introducir elementos positivos:

Tal vez el punto más importante y el más desconocido. Pocas son las personas que a la hora de hacer una crítica introducen elementos positivos y reforzadores de la conducta del otro. Piensan que sería claudicar ante el enemigo o darle tregua… porque siguen viendo al receptor como un blanco al que hay que hacer sentir mal o cohibido. Pero si de verdad se busca un cambio, el introducir elementos positivos de la conducta del otro, una vez lanzado el titular, le hará ser mucho más receptivo, sino que puede que acabe mejorando nuestra relación tras la crítica. Además, el obligarnos a decir cosas positivas de la otra persona en mitad de la crítica también reduce nuestro nivel de activación y nos hace ser más comprensivos y empíricos. Podemos también admitir nuestra parte de culpa.

Siguiendo con el ejemplo de la ropa desordenada:

«… Es verdad que eres muy ordenado para las otras cosas y si hoy dejaste todo tirado es porque te pedí que salieras corriendo a hacerme el recado…»


9. Pedir el cambio:

Sólo cuando hemos expuesto lo que ha ocurrido, y hemos introducido algún elemento positivo pedimos el cambio. A veces no tenemos la alternativa pero podemos buscar juntos la solución. Es importante que la otra persona esté de acuerdo, escuchar también sus propuestas y, además, definir cómo se podrá evaluar que eso se cumple en el futuro, para que las críticas no se las lleve el viento


«Me gustaría que las dejaras aunque fuera en la silla ¿te parece? O que me pidas ayuda. Si lo haces así no me importa doblarlas yo»


10. Reforzar tras la crítica

: Por último hay que reforzar al otro por habernos escuchado, por haber participado de esta nueva forma de hacer las peticiones. Para nosotros no va a ser fácil cambiar pero tampoco lo será para el otro, acostumbrado a un tipo de dinámica de interacción. Por eso hay que valorar la implicación de nuestro oyente y aceptar sus sugerencias o resolver las dudas. Está claro que si conseguimos realizar críticas con éxito los demás también aprenderán de nosotros y cambiarán a su vez.

Si quieres mejorar en tu forma de hablar sobre los demás o crees que te afecta demasiado lo que los otros dicen de tí, no dudes en ponerte en contacto con nosotros en el 917667028, seguro que podemos ayudarte.

¿Vas a criticar a los demás? Tienes que dominar las 10 claves (I) colaboración de David Pulido para El Confidencial


Quien domina la técnica de realizar críticas tiene a su alcance la posibilidad de

conseguir sus propios objetivos

, mejorando la relación personal con los demás y disminuyendo la posibilidad de conflictos.


Existen cada vez más cursos de entrenamiento en asertividad y habilidades sociales, tanto en el ámbito laboral como en el personal, porque saber pedir cambios en las conductas de otros, transmitir de manera acertada la opinión que tenemos, es sin duda una poderosa herramienta de éxito social.


Hay diez claves que podemos empezar a aplicar hoy mismo y que por sí solas, ya provocarán un cambio en nuestra manera de hacer peticiones.


IDEAS PREVIAS



1. Definir el objetivo:



Lo primero que hay que tener en cuenta es qué se pretende con la crítica. ¿Realmente quiero proponer un cambio de conducta? ¿Tengo alguna propuesta realista que hacer? Muchas veces la única finalidad de mi intervención es

la de provocar daño o desahogarse

. Por eso la crítica jamás podrá tener éxito, porque ni siquiera es tal. Desde los arrebatos de ira donde no dejamos a la otra persona replicar, a la ironía más sutil que busca causar algún impacto en el blanco, si mi objetivo no es el cambio constructivo, de nada servirán estas claves



2. Entender cuál es el éxito de la tarea:



Saber hacer bien una crítica no implica que el otro vaya a cumplir lo que se le pide. Tras nuestra asertiva petición estará la libertad del otro de aceptarla o no y no podemos medir el éxito de la misma en una respuesta que no está bajo nuestro control.

El éxito será atreverme a hacerla de la mejor manera posible

, puesto que así, no sólo aumentaré las probabilidades de cambio, sino que además nos sentiremos con mayor control ante situaciones que no nos gustan, incluso aunque no logremos cambiarlas.


A LA HORA DE REALIZAR LA CRÍTICA



3. Elegir el momento adecuado:



Realizar una crítica es difícil porque implica generar un momento incómodo o de tensión. Por ello solemos aprovechar que ya existe la tensión para soltar lo que nos molesta. Es decir, esperamos a estar cabreados o en medio de una discusión para lanzar la crítica y por lo tanto estaremos abocados al fracaso.

Es imposible realizar de manera adecuada una crítica si el emisor o el receptor de la crítica están alterados.

Tendremos primero que lograr calmarnos o esperar un poco para poder realizar todos los pasos.



4. Realizar la crítica sin esperar demasiado:



Tampoco hay que  dejar pasar demasiado tiempo desde que se produjo la conducta objeto de la crítica: Un error muy común es el criticar algo que pasó hace tanto que ya se ha difuminado en la memoria y para lo que ya no existe alternativa de cambio.



5. Sólo realizar una crítica cada vez:



Por último, por no atrevernos a hacer las críticas desde la calma y en el tiempo correspondiente, solemos ir acumulando quejas y acabamos encadenando una crítica con otra. Esto hace inviable que el otro pueda procesar o mejorar nada. No verá una petición de cambio sino un ataque generalizado a todo lo que hace, y por lo tanto se pondrá a la defensiva o contraatacará con otra ristra de quejas.

“En el fondo soy muy tímido” y otras afirmaciones absurdas sobre la personalidad (II), colaboración de David Pulido para El Confidencial



Somos mucho más que una etiqueta




De nuevo comprobamos que somos lo que hacemos y lo que hacemos depende de la interacción entre la persona y su entorno, y en las interacciones pasadas que han favorecido el aprendizaje de dichas conductas si se dan ante los mismos factores.







“Podemos aprender a tener conductas románticas y a desaprender el ser tímidos porque nada está fijado para siempre”





A mucha gente le produce rechazo este tipo de descubrimientos. Piensa que dan una imagen simplista, mecánica y difusa del ser humano frente a la fascinación de lo oculto y la compleja contradicción que ofrecen otras teorías de la personalidad. Muy al contrario, el darnos cuenta de que si

nuestra forma de actuar es objeto de modificación, podemos cambiar en cualquier momento de nuestra vida

. Podemos aprender a tener conductas románticas, podemos desaprender el ser tímidos. Nada está fijado para siempre en nuestro repertorio de actuación, que es mucho más amplio del que a veces creemos. Somos mucho más que una etiqueta.


Mención aparte requiere el

cómo se «mide» la personalidad.

La industria genera cada día nuevas teorías y pruebas para cuantificar dichas variables. Todos hemos hecho alguna vez un «test de personalidad» y hemos llegado a la misma reflexión: «¿Pero esto es como soy de verdad o cómo yo digo que soy?». Aunque las pruebas más elaboradas han tratado de tener en cuenta ese factor enmascarando las preguntas, no podemos negar que la fiabilidad de los resultados sería mucho mayor si cada test se basara en pruebas de observación de nuestra conducta, en entrevistas a los que nos conocen y nos aguantan, o en un estudio estadístico de cómo hemos actuado en el pasado.


Contestamos las preguntas que determinarán cómo somos en función de lo que nos acordamos de nuestra actuación, o de lo que nos gustaría ¡o de cómo otras pruebas han dicho que somos! De nuevo el absurdo de definirnos en complicadas variables que nos digan cómo somos en contraposición a la realidad de lo que hacemos.


Al final acabamos rozando lo patético y lo cómico con frases del tipo: «Yo es que en el fondo soy muy tímido. De verdad, aunque no lo parezca, ¡qué

he hecho un test y eso es lo que me ha salido que soy!

«.

Si quieres más información o quieres mejorar tus relaciones personales, no deudes en ponerte en contacto con nosotros en el teléfono del Centro de Psicología Álava Reyes: 917672031

“En el fondo soy muy tímido” y otras afirmaciones absurdas sobre la personalidad (I), colaboración de David Pulido para El Confidencial

Cuántas veces habremos oído frases del tipo: «Yo es que


en el fondo soy muy tímido» o «yo soy buena gente pero es que saco mi lado borde», sin que nos hayamos percatado del

enorme absurdo que encierran este tipo de autodefiniciones

? ¿Qué quieren decir? ¿Que existe una especie de doble fondo dentro de cada uno de nosotros donde guardamos determinadas formas de ser, como si tuviéramos una doble personalidad? ¿O que somos de esa manera pero lo ocultamos por insospechadas razones a la vista de los otros, como si tuviéramos una identidad secreta?


Lo que el lenguaje coloquial refleja es una

errónea concepción del ser humano desde el punto de vista de la psicología científica,

donde el comportamiento se presenta como una dualidad «interior/exterior» y del que parten muchos sesgos a la hora de entender el origen de los problemas psicológicos y cómo funcionamos las personas. Décadas de estudios científicos nos obligan a reformular muchos de los conceptos psicológicos que aún perduran en la cultura popular, pero en lo que a la personalidad se refiere, baste decir que somos lo que hacemos.


Simple y llanamente.


Si suelo conversar en las fiestas con todo el mundo y no tengo problemas en coger el turno de palabra, seré una persona extrovertida y si cada vez que hablo lo hago de una manera cortante que provoca rechazo en los otros, seré un borde. Evidentemente,

ninguna conducta se da de la misma manera en todas las situaciones y ésta puede admitir variaciones.

Puedo sentirme inseguro y torpe cuando hablo para una gran audiencia y en cambio ser capaz de mantener una charla muy agradable en un grupo pequeño. Razón de más para no tratar de definirnos usando etiquetas internas y estables que no admiten la variabilidad de los comportamientos reales. Somos lo que hacemos y lo que hacemos varía, evoluciona, y depende de factores externos.



Unas atribuciones erróneas


¿Por qué entonces nos empeñamos en ponernos esas etiquetas tratando de definirnos aunque eso contraste con lo que comprobamos día a día? La razón es tan antigua como el hombre y parte de la

necesidad básica de predecir la conducta

, la propia y la de los otros, para amortiguar la incertidumbre y optimizar los resultados de nuestras acciones.






“Somos lo que hacemos y lo que hacemos varía, evoluciona, y depende de factores externos”





Quiero saber qué tipo de cita aceptará mi vecina o si debería echarle la bronca a mi cuñado. Y si no tengo suficientes datos, trato de adivinarlo atribuyéndoles etiquetas y esperando que se comporten de esa manera. Esas etiquetas provienen de distintas clasificaciones construidas a lo largo de la historia del hombre. Pienso que si mi vecina es Piscis en el horóscopo, debería decírselo con flores, o que si mi cuñado es un «1» en el eneagrama debería evitar una confrontación. A día de hoy

ninguna de estas clasificaciones presenta evidencias empíricas

que las avalen ante la comunidad científica


y, sin embargo, tienen un éxito arrollador ante las personas ávidas de clasificarse cuando son sustentadas por una industria que mueve millones de euros.


También nos equivocaremos en el resultado si se sustituyen esas etiquetas por variables de personalidad clásicas y establezco que mi vecina «es romántica» y mi cuñado «es irascible». La llamada «personalidad», a la luz de los últimos estudios,

es un constructo, si no ficticio, al menos muy limitado

en la predicción de la conducta. Averiguaremos mejor si un alumno va a levantar la mano en clase si analizamos cuánta gente hay en el aula, cómo ha respondido en el pasado dicho alumno y qué tipo de reacciones suele tener el profesor ante una respuesta errónea y otra acertada, que si realizamos un test y clasificamos a la clase en función de su «extroversión».

Si tienes alguna pregunta o quieres trabajar tus relaciones persones, no dudes en ponerte en contacto con nosotros en el 917667028

Cuando te acompaña la ansiedad, ¿qué tenemos que hacer? Vicente Prieto para EL confidencial


La ansiedad es una emoción que se caracteriza por la alteración de distintas respuestas físicas que la persona se autoprovoca cuando percibe la situación con la que tiene que interaccionar, de manera amenazante. La ansiedad aparece, por ejemplo, cuando nos enfrentamos a una tarea exigente:


“Me pongo tenso cuando presento los resultados de mi departamento a la dirección de la empresa, tengo alta sudoración, la boca se me seca y siento bloqueo”.

Si estos y otros síntomas de la respuesta de ansiedad son intensos, la persona se ve limitada para adaptarse bien a la situación y se pasa mal rato.


Es frecuente que estos mismos síntomas los sienta también días antes de volver a hacer otra presentación a la dirección. Se anticipa de manera negativa, e incluso la inseguridad la puede ampliar a otras situaciones que en principio nada tendría que ver con hablar con la dirección, como supervisar a su equipo, realizar un viaje de trabajo, tomar decisiones con un proveedor o negociar con un cliente, entre otras responsabilidades profesionales cotidianas. Puede generalizar esta respuesta desmedida a otras situaciones y

la persona se verá con dificultades para hacer una vida normal.






“El consumo de fármacos, ansiolíticos y antidepresivos está aumentando escandalosamente”





Estamos en una sociedad muy medicalizada. Las personas tienen muy interiorizado todavía que para terminar cuanto antes con la sintomatología física y psicológica molesta o limitante, tienen que tomarse un fármaco y ya está. La intervención psicológica supone más esfuerzo porque de lo que se trata es de

aprender a cambiar hábitos de comportamiento

, a pensar de una manera más racional, a gestionar emociones, etc, y estos entrenamientos necesitan más tiempo para minimizar esta sintomatología.


Por otra parte, nos encontramos que la persona que consume determinados fármacos para disminuir la ansiedad o para estabilizar su estado de ánimo, tiende a aumentar el consumo ante cualquier eventualidad adversa que por otra parte es normal para el ser humano: una frustración, quedarse en paro, un ascenso que considera la persona que no tiene recursos, una separación, una mudanza, entre otras muchas circunstancias.

Tienden a automedicarse para estar lo mejor posible, limitando la posibilidad de utilizar sus propios recursos para adaptarse a la situación novedosa.


Todos sabemos que estos fármacos se recomiendan de boca a oreja:

“si estás nervioso, tómate esta pastilla que a mí me va muy bien”.

El consumo de fármacos, ansiolíticos y antidepresivos está aumentando escándalosamente y sabemos que la ansiedad no se controla exclusivamente con el fármaco sino que hay que aprender a controlarla fundamentalmente con estrategias psicológicas, y en algunos casos con una intervención mixta, psicológica y farmacológica.



¿Qué podemos hacer para reducir la ansiedad?




Para reducir la respuesta de ansiedad y sus síntomas molestos es importante que dediquemos un tiempo cada día a revisar esos pensamientos negativos que están provocando alarma en nuestro organismo. Se trata de anotar en una hoja los siguientes criterios:








Situación ambiental (“utilizar el avión”)







Pensamientos alarmantes (“seguro que algo fallará”)







Síntomas físicos (“tensión muscular”)




Es muy importante aprender a modificar el pensamiento,



que sea más realista, más útil, más positivo. Si conseguimos cambiar el lenguaje interno que utilizamos con nosotros mismos sentiremos menos ansiedad. Volvamos al ejemplo anterior:








Situación ambiental (“utilizar el avión”)







Pensamiento realista (“llegaré pronto al destino”)







Síntomas físicos (“tranquilidad”)




Si practicamos diariamente cómo cambiar nuestros pensamientos negativos conseguiremos reducir los síntomas de ansiedad



. Los pensamientos positivos tienen una fuerte influencia en nuestro estado de ánimo, simplemente tienen que practicarlo.






“Es en el momento presente donde podemos tomar decisiones, cambiar las cosas y disfrutar de ellas”





Por otra parte, también

es muy importante adquirir el hábito de respirar de manera profunda

, abdominalmente, de vez en cuando a lo largo del día, cuantas más veces, mejor. Y si hacemos relajación en cualquiera de sus modalidades (relajación muscular progresiva, entrenamiento autógeno, yoga, meditación, etc) nos ayudará a reducir todavía más la respuesta de ansiedad y de una manera muy sencilla.


Es aconsejable centrar nuestra atención y nuestro esfuerzo en aquellas cosas que podemos controlar directamente utilizando nuestros propios recursos, en lugar de centrarnos en lo que no depende de nosotros.

La incertidumbre provoca inseguridad y por lo tanto ansiedad.

No debemos anticipar escenarios negativos de nuestra vida, tenemos que centrarnos en vivir el aquí y el ahora, es en el momento presente donde podemos tomar decisiones, cambiar las cosas y disfrutar de ellas.


Tenemos que tener objetivos que sean realistas y que se puedan conseguir. Si las exigencias son desmedidas no llegaremos a alcanzarlas y sentiremos frustración por ello. Deberíamos tener objetivos claros en todas las áreas de nuestra vida.


Realizar actividades agradables diariamente, pequeños momentos pero de gran eficacia si lo hacemos: lectura, buena conversación, descansar, escuchar música, etc.

Planifica el día de manera realista sin proponerte más actividades que tiempo real para hacerlas,

algo que desgasta mucho a nivel emocional.


No debes criticarte tanto a ti mismo por cometer errores y plantearte la mejora personal como un reto y ponerte en marcha para conseguirlo. Es muy importante que aunque tengas síntomas intensos de ansiedad, si sólo son síntomas molestos pero no ponen en peligro tu vida, tienes que aprender a manejarlos con eficacia y serenidad.


Por último, te recuerdo que con la práctica de estas estrategias, la ansiedad se puede controlar bien. No obstante,

si consideras que las circunstancias cotidianas te desbordan es el mejor momento para ir al psicólogo

y terminar con este proceso emocional limitante. No dudes en pedirnos consejo contactando con nosotros en el