Yo hago lo que me da la gana, y si me da la gana beber, nadie tiene que decirme que no puedo hacerlo”
Fernando había empezado a beber alcohol a los 13 años; en la actualidad tenía 47. Vimos a su familia porque ya no sabían qué hacer con él; su mujer le había abandonado, no veía a sus hijos, se gastaba todo lo que ganaba, se había ido a vivir con sus padres y les estaba amargando su vejez.
Sus hermanos se habían plantado, y le habían dicho que o dejaba de hacer lo que le daba la gana, y demostraba que podía estar sin beber y sin cargarse todo lo que era importante en su vida, o que se olvidase que tenía familia.
Como no parecía creerles y no reaccionaba ante las palabras, le dijeron que si continuaba así, la siguiente vez que llegase borracho a casa cambiarían la cerradura de la vivienda de sus padres y le impedirían entrar, y así lo hicieron. Fue la única forma de conseguir que reaccionase.
Al principio aún se hundió más y estuvo a punto de perder su trabajo, pero llegó un día en que por fin comprendió que, en lugar de ser libre y hacer lo que le daba la gana, era esclavo de sus impulsos; esclavo de una adicción que había destrozado su vida, y para la que necesitó ayuda profesional a fin de liberarse de ella.
Fernando tuvo ante sí dos opciones, sólo dos: o terminar de hundirse y acabar tirado en cualquier cuneta; o volver a ser persona y lograr controlar esa adicción que lo había degradado hasta extremos difíciles de imaginar.
Al margen de que a veces, en estos casos, la persona sólo termina reaccionando cuando la enfrentamos a una situación límite, una situación de la que es totalmente responsable, lo que está claro, como comentábamos al principio, es que una cosa es quedarte un domingo en casa vagueando, y hacer lo que te da la gana (faltaría más)…, y otra, muy distinta, es no creer en nosotros y ofrecer nuestra peor versión: la de unas personas carentes de libertad y esclavas de su falta de control emocional.
Afortunadamente, se puede aprender, pero para hacerlo tenemos que haber tomado la decisión de una forma tan clara como inequívoca. Habrá momentos difíciles, que nos parecerán insalvables, pero, de nuevo, si creemos en nosotros, conseguiremos sacar lo mejor que llevamos dentro.