Guía para pasar las vacaciones en familia sin pelearse más de lo necesario

Las del 2022 prometen ser las primeras vacaciones “normales” en bastante tiempo, pero las familias y sus circunstancias han cambiado. ¿Cómo hacer para que esta convivencia no degenere en una crisis?

Por EVA MILLET

Tras dos años de virus y aluviones de malas noticias, de planes cancelados, toques de queda, sucesiones de olas víricas y miedo al contagio, el verano de 2022 promete dar un respiro; unas vacaciones como “las de antes”, llenas de expectativas y tiempo en familia. Sin embargo, el contexto no es del todo agradable: entre calores angustiosos se anuncian nubarrones económicos para el otoño. Hay una guerra en Europa y el virus sigue siendo noticia. Además, las familias no somos las mismas después de lo que ha pasado: para muchas, la idea de convivir de nuevo, tantas horas, produce un cierto vértigo.

Lo confirma el psicólogo clínico Ángel Peralbo, especialista del área de adolescentes del Centro Álava Reyes y autor de libros como De niñas a malotas y Adolescentes: tu hijo no es tu enemigo (ed. La Esfera de los Libros). Con él conversamos en busca de pistas para pasar un verano, si no inolvidable, por lo menos, tranquilo.

¿Cree que las familias han cambiado debido a la pandemia?

Sin lugar a dudas la pandemia ha transformado el interior de las personas; mucha gente te lo traslada. En estos dos últimos años han habido muchos cambios de sensaciones, muchas expectativas rotas y una nueva forma de ver las cosas o de esperarlas. En mi opinión, la forma de relacionarse y de expresarse en las familias ha cambiado, claramente.

Observamos un “desbordamiento” de los pacientes: una especie de dificultad en la gestión de las emociones. En consulta vemos un padecimiento interno”

Ángel PeralboPsicólog clínico, especialista del área de adolescentes del Centro Álava Reyes 

¿Cómo?

Observamos, por ejemplo, un “desbordamiento” de los pacientes: una especie de dificultad en la gestión de las emociones. En consulta vemos un padecimiento interno, nos trasladan cosas tipo «las cosas no me satisfacen tanto ahora», «algo que antes me ilusionaba ahora no apetece», «no se muy bien para qué sirve esto»… Se da en el trabajo, los estudios, incluso, en el ocio.

¿Este desbordamiento, lo perciben tanto en adultos como en menores?

Ocurre en todas las edades, aunque es verdad que los adolescentes han sido más propensos.

En los jóvenes, la sensación de estar desbordados se ha dado con más frecuencia

Otras Fuentes

¿Lo que hemos pasado nos ha marcado, entonces?

No sé si estos estados de ánimos son achacables o no a lo que hemos vivido pero sí que son coincidentes en el tiempo… Yo creo que todo tiene que ver.

Este será el primer verano sin restricciones después de dos años: ¿Hay más ganas de salir que nunca?

Sí, lo vivido hace que, incluso, nos desboquemos un poco en cuanto nos dejan salir. Es natural.

Este año el verano se espera con una especial ilusión. Muchas familias han tirado la casa por la ventana, han puesto muchas expectativas. ¿Es eso bueno?

Es verdad que el tener expectativas, idealizar, se está haciendo más sí, pero fíjate que uno de los aprendizajes de lo que hemos pasado es que hay que vivir el presente. Aprovechar el ahora. A veces nuestra psicología nos hace estar más pendientes de lo que hacíamos o de lo que nos gustaría hacer que de lo que podemos disfrutar, que es el momento presente.

Se habla, incluso, de viajes “para resarcirse”… Pero viajar también implica ciertas dosis de ansiedad e incertidumbre y estas emociones han estado demasiado presentes en los últimos tiempos ¿Qué aconseja para mitigarlas?

Si tuviéramos que definir rápidamente la ansiedad tendría que ver no con ningún tipo de amenaza presente sino con la posibilidad de esa amenaza, lo que pienso que puede venir… Sin embargo, también hablamos de una ansiedad positiva: esa ilusión a lo nuevo, a lo desconocido. Así que yo lo que recomiendo, insisto, es aprovechar el momento, porque la mente te lo da todo si tu te relajas y te centras.

¿Hagas lo que hagas?

Tanto si te vas al pueblo como si no puedes salir o si haces una vacaciones exóticas, la mente —si es lo que en ese momento espera—, se relaja y te lo da todo. Lo disfrutas al máximo. Por eso, ese desboque, esas ganas, hay que canalizarlas con la aceptación de disfrutar con lo que venga este verano, no con ansiedad.

También hay mucha presión de los medios; aeropuertos en caos, crisis en otoño… ¿Tendríamos que desconectar de las noticias para disfrutar de las vacaciones?

Absolutamente, porque al final tenemos una mente configurada para anticipar y se enfoca en este tipo de cuestiones. Los medios de comunicación repiten y repiten y el impacto que tiene una noticia es mayor. El impacto psicológico también se multiplica. Y puede ser terrible: de hecho, a las personas con un estado anímico depresivo se les prohíbe escuchar noticias porque se focaliza la atención en información negativa que, por muy cierta que sea, perjudica. Y lo que las personas necesitamos para nuestra capacidad de adaptación —que hemos utilizado mucho en los últimos tiempos—, es un descanso de este tipo de informaciones.

A muchas familias les da un cierto vértigo ponerse en modo vacaciones, ¿es normal?

El espacio de la familia en el escenario “verano”: con más horas de interacción, con casi la obligación de exponernos, escucharnos, mirarnos, hablarnos y aconsejarnos en dosis a las que no estamos acostumbraos… ¡Entiendo que puede darnos un poco de vértigo! Pero es un vértigo asociado a la ilusión y a las nuevas situaciones. Me parece positivo, una oportunidad para aprender a relacionarnos de forma diferente y disfrutar. Pero insisto, mejor evitar expectativas extrañas e idealizaciones. Y recoger las diferentes necesidades y edades dentro del ámbito de la familia.

Consejos para unas vacaciones serenas

1. Controlar las expectativas.
2. No tener prisa; estamos… en vacaciones.
​3. Fuera adicciones familiares, nada de barra libre tecnológica.
​4. Mucha escucha activa: de ahí se puede descubrir cómo es realmente tu hijo o tu hija.
​5. Menos consejos repetitivos y directivas propias del día a día.
​6. Hacer un formato consensuado con todos los miembros.

En dos años los hijos han crecido: hay hermanos mayores de edad que ya no quieren ir de vacaciones en familia. ¿Es eso un fracaso?

No, en absoluto. Entiendo que duele pero esos son años de individualidad: es justo es que a esas edades un chico o una chica pudiera hacer y configurar sus vacaciones de manera independiente. La aceptación de ese nuevo escenario me parece fundamental. Tiene que llegar un momento en el que se rompe el modelo de vacaciones de ir todos juntos, porque no es sostenible.

Hay que aceptar que estos dos años hay hijos que han crecido y que ya no quieren ir de vacaciones en familia

O sea, es lo normal, que los hijos mayores vuelen…

Sí, diría incluso que un hijo de esas edades que establece un periodo de vacaciones extenso solo con sus padres, me preocuparía. Ahora, también se podría, de buenas maneras, motivar, persuadir a este hijo independiente para que venga unos días.

Hay que respetar los hábitos tecnológicos de los hijos adolescentes, pero hay que evitar que sean excesivos

Mercè Gili / Colaboradores

En la pandemia las familias hemos estado mucho juntos pero, también, en nuestros mundos; en especial, delante de las pantallas. ¿Estos espacios personales se deberían respetar en vacaciones?

Solo si son compatibles con una disminución clara de estos tiempos tecnológicos. Yo siempre digo que, en vacaciones, hay que corregir las adicciones familiares. No digo ir sin tecnología pero sí disminuirla a unos tiempos más restringidos, necesarios. Y vale tanto para los adultos como para los hijos. Si no, se pierden unas oportunidades que son propias de este periodos, como estar más con los hijos y hablar de otras cosas que no sean el día a día. Así que nada de barra libre con la tecnología, porque si no, la vuelta es terrible.

¿Es más fácil irse de vacaciones con niños pequeños que con adolescentes?

Con los niños pequeños, al final, es más fácil todo. Te los puedes llevar a todas partes porque a los críos los mueves, los motivas de una manera fácil, pero con los adolescentes, para empezar, como quieras tú dirigir todo el proceso… ¡Ya tienes conflicto! Y aunque trates de negociar y pactar, habrá momentos en los que no les apetecerá ir al museo y se plantarán; es más complicado. Pero es un tema universal, siempre ha sido así.

Vacaciones en familia es un buen momento para profundizar en el afecto, sin las prisas del día a día

¿Las vacaciones pueden ser, este año más que nunca, una oportunidad para construir (reconstruir, incluso), la familia?

Sí, este y todos los años, porque al final este periodo es el disponer de tiempo para escucharse, para contar, para enfrentarse al conflicto… En el día a día (cuando estás trabajando y los hijos están en el colegio), pues no se llega, porque no estás… Eso también es familia, por supuesto, pero le falta algo que en vacaciones sí que se da y que es la posibilidad de “soportarnos” (lo digo entre comillas) más tiempo. Es ahí donde verdaderamente conectas con un ser humano. La familia tiene que buscar esos momentos A mí me parece que las vacaciones, a pesar de todos los conflictos que pueden aumentar, son un momento muy entrañable.

Es cierto, en la familia hay conflicto, pero hoy están irrumpiendo etiquetas que instan a buscar una crianza “positiva”, “consciente”, “respetuosa”; donde parece que el conflicto no exista y si se da, es por un fallo de los padres. ¿Eso no crea un estrés adicional?

Sí, lo detecto. Desde mi punto de vista la equivocación aquí está en tratar de polarizar a las familias entre las “respetuosas” y las que no. Creo que en las familias el afecto se da por descontado: no debe de faltar nunca, pero las emociones básicas —como enfadarse—, tampoco. Creo que los padres tienen todo el derecho del mundo a enfadarse y gritar un día, ahora bien, no pueden hacer de ello su estilo educativo. Es decir, si uno se enfada, debe de poder expresarlo, pero lo que no puede ser es educar con el enfado.

FUENTE: lavanguardia.com